Entonces tocó decidir lo más difícil.

¿Como se moverían através de aquel tablero?


¿Cuales serían los movimientos adecuados?

¿Acaso instaurar los mismos movimientos para todos, dejando que todas las piezas fueran iguales?

¿O hacer que cada uno muestre un movimiento característico, único, que lo defina de manera inequívoca?



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jueves, 3 de noviembre de 2011

Peón

Ni creo en nada, ni busco una explicación a la vida que me ha tocado, solo intento buscar un rumbo en el mar de la vida hacia la lejana isla de la dicha, intentando no naufragar ni quedarme en los escollos de mi pensamiento.



Oscura humanidad que apenas me arropa, esperanzas frustradas en el blanco aliento de la memoria. Pérfido recuerdo que me incita a la duda, negra huella que me arroja a la sombra del pánico, allá donde nadie llega sin volver indemne.
Porque las marcas de los fracasos anteriores nos esperan para clavarnos en el corazón agudos puñales llenos de dudas, porque en el fondo de nuestra derrota, el espejo que nos devuelve la mirada de nosotros mismos un poco más hundidos, un poco más derrotados, nos hiere más que mil espadas de hielo, que mil carbones encendidos. Y es entonces cuándo más nos cuesta levantarnos.Y es entonces cuando dudamos.

Se que es lo que debo hacer, se que es lo que debo sentir, pero mi cuerpo, mi mente, parecen haberlo olvidado...
 Pero no. La vida es acción, la vida es ejecutar y no pensar, los momentos importantes se miden en fracciones de segundo, en millonésimas partes del tiempo que se tarda en planearlas.

Sólo avanzo, no pienso, sólo me desplazo, no medito. Puede que la derrota, que la muerte me esperen a la vuelta de la esquina, pero eso nunca me ha detenido

Me muevo.

1.e4 . Adelante






miércoles, 21 de septiembre de 2011

Carta de amor

Supongo que nadie podrá encontrar esta carta, que lo aquí escrito quedará oculto para siempre bajo los escombros de lo que fui algún día, ya muy lejano en el tiempo y en la memoria.

Nunca podrás leer estas líneas, mi amor, porque nunca llegarán a tus dulces manos, ni tus ojos, que tantas veces he admirado desde la lejanía que supone mi posición , jamás se posarán sobre el papel en el que transcribo todo lo que te quise decir y nunca te dije.

Porque te quiero. Es una declaración sencilla que nunca salió de mis labios, y es, una explicación, también sencilla, a todo lo que se ha desarrollado entre nosotros.

Nunca pudimos estar juntos, cada uno en un lado del tablero, defendiendo las escarpadas torres de nuestro territorio. Simples peones en el juego de la vida que nunca llegan a conocerse del todo. Una palabra aquí, un roce allá apenas con la punta de los dedos.

Avanzamos sin descanso en nuestra historia, dejando atrás todo lo malo, buscando la esencia de nuestros sueños. Tu siempre soñaste con ser alguien importante, con que tu talento fuera reconocido. Yo solo soñaba con que fueras feliz.

Hoy es el momento, éste el lugar y ésta la jugada. Si yo me sacrifico, tu podrás avanzar sin peligro hasta la última casilla y convertirte en la reina del tablero, (aunque en mi corazón, ya lo hayas sido durante todo este tiempo.)

Como te decía, nunca sabrás porqué me inmolo, ya que mi cuerpo, mi alma y mi vida desaparecen en el limbo de las piezas muertas, oscura incógnita de lo que nos acontece a los perdedores.

Pero tú podrás coronarte, tú podrás ganar la partida. Con eso me vale, con eso me conformo, con eso puedo morir en paz.

Vive por los dos, sueña por los dos y pon un final feliz a nuestra historia.

Solo quería que lo supieras, mi reina, aunque nunca llegues a leer estas líneas.























lunes, 19 de septiembre de 2011

Rey

Una nueva batalla tenía lugar, en la interminable guerra blanquinegra. En lo alto de una de las torres negras, el rey enrocado observaba...



Perdida en el horizonte, la mirada ausente vagaba por los campos de batalla donde las vidas de tantos se habían perdido. Como otras veces, se preguntó que sentido tenía todo, el porqué de tanta lucha. Todos habían luchado, peleado y muerto en su nombre, para que a él no le pasase nada. ¿Merecían la pena tantas vidas a cambo de la suya propia?¿Era él un ser por el que mereciera la pena luchar y morir? Esa idea penetró en su mente; pequeño intruso que va sembrando la duda.


Pudiera ser que fuera la personificación de una idea, el contenido de todos los sueños, anhelos y esperanzas de aquellos que luchaban. Observó a los peones, avanzando sin descanso hacia lo que era probable que fuera una muerte segura, engañados por la promesa de que si llegabas al final del tablero podías convertirte en lo que quisieras ( lo que nadie les contaba, es que eran muy pocos los que lo conseguían en proporción a todos los que perecían por el camino).


Los caballos, sin embargo, vagaban erráticamente por el tablero, caracoleando e intentando demostrar que estaban por encima de la chusma de los peones, pero sin ningún resultado aparente. Vio como los alfiles intentaban pillar a los otros por sorpresa, con sus taimados movimientos. Siempre recurrían al camino más largo para llegar a su objetivo.


Y vio a su mujer, moverse sin descanso de un lado a otro, animando, apoyando, luchando, alentando a todos...


Todos luchaban, se apoyaban y defendían entre ellos, protegiéndose de posibles amenazas del enemigo, bailando un secreto baile que, de tantas veces ensayado, no hacía falta explicitar. Eso era lo que habían echo siempre y eso es lo que seguirían haciendo, estuviera quien estuviera en el trono.


De repente, se sintió muy pequeño, allá en su torre, muy vulnerable y débil y, sobre todo , muy solo.


Muchos podían haber luchado en su nombre, pero ninguno por su persona. Solo hay otro que siente lo mismo que yo, pensó. El problema es que es mi peor enemigo.


Le llegaron noticias de que el rey blanco había sido derrotado. Nunca una victoria le había parecido tan amarga.